Arctic Monkeys AM, ¿qué os ha pasado?

Arctics

Todos los que me conocen saben de mi amor por Arctic Monkeys. Llevan tiempo ya siendo una de mis bandas favoritas, y no he dudado en enseñárselos a todos los que me preguntaban por un buen grupo de rock al que escuchar. Por eso AM, su quinto disco de estudio, ha sido tal puñalada al corazón.

Han pasado ya varios meses desde su salida y desde el primer momento no me encajó. ¿Dónde estaban las guitarras y ese ritmo desenfrenado de sus orígenes? ¿Por qué había coros en falsete en casi todas las canciones? ¿Era esto algún tipo de error? Pasaban las semanas y me resistía a escribir sobre él, volviendo a escucharlo una y otra vez, intentando sobreponerme a la tentación de descargar mi rabia en forma de entrada en este blog. Hasta que, después de verlos en concierto ayer en Madrid en el Palacio de los Deportes, pensé que era el momento de sentarme a escribir una vez que la rabia se había convertido ya en decepción.

AM no es un mal LP, eso hay que admitirlo. Pero está muy lejos de lo que se podría haber esperado de ellos. Menos guitarrero, con un Alex Turner que muchas veces deja de cantar para prácticamente hablar. En la sencillez muchas veces se encuentra la elegancia, y en esta ocasión los de Sheffield han pecado de querer reinventar la rueda. Superado el impacto de no encontrarnos ya ante un disco capaz de hacernos saltar y mover las piernas involuntariamente como era el caso de los tres primeros, o con una fabulosa colección de canciones del rock más clásico como era Suck it and See, encontramos canciones que merecen la pena la escucha de este AM.

Es el caso de las dos primeras canciones, Do I Wanna Know? y R U Mine. La primera, sin ser un zarpazo rockero como los que creaba la banda en sus orígenes, tiene un ritmo muy marcado que engancha y una melodía pegadiza que te atrapan sin que te des ni cuenta. Mientras que el segundo es lo más parecido que sentiremos a un déjà vu al escuchar el disco. La guitarra y la voz de Alex Turner llevan la canción a lo más alto, y hacen pensar que por mucho que hayan alcanzado la “madurez”, todavía pueden regalarnos grandes canciones rockeras.

Desde ese segundo corte, AM cae en una sucesión de medios tiempos que para nada recuerdan a los Arctic Monkeys vistos hasta la fecha. Podrán gustarte más o menos, pero no son los de siempre. Hasta que llegamos a Nº 1 Party Anthem, para mi la mejor canción lenta del disco. Es donde mejor podemos apreciar la continuidad de lo que hicieron con Suck It And See, la clásica canción romántica con una letra retorcida que nos encanta: “It’s not like I’m falling in love, I just want you to do me no good and you look like you could”. 

El punto de encuentro entre lo hecho hasta ahora y lo que han hecho con AM nos lo encontramos en Fireside. Introduciendo los falsetes y sintetizadores que tanto abundan en el disco, este tema consigue de alguna forma no resultar ajeno al pasado de la banda, y gana con las escuchas.

Esperemos que en el futuro el grupo vuelva por sus fueros y haga lo que mejor sabe hacer: rompernos con melodías rápidas y pegadizas, y baladas crudas que te erizan el pelo de la nuca. Habrán convencido a la crítica especializada, pero sólo había que ver la respuesta en el concierto a sus canciones más antiguas (Dancing Shoes, Teddy Picker o Fluorescent Adolescent por poner tres ejemplos) y lo que pasaba con las nuevas (con las excepciones de R U Mine y Do I Wanna Know).

Al menos para mi, una de las decepciones de este 2013 que se termina. Por los buenos ratos que nos han dado, y porque les queremos, les daremos al menos otra oportunidad. Pero por favor Alex, concéntrate en las canciones y deja de lado ese rollo de fucker repeinado que dedica una de cada tres canciones a las chicas. Nuestra paciencia tiene un límite…

Miles Kane, indie rock: así sí!!

Miles-Kane-5Lo admito: cuando leo la palabra indie asociada a un grupo me entra el pánico. Lo malo de que un estilo se ponga tan de moda, es que empiezan a aparecer un montón de réplicas y al final todo acaba por sonarte igual.

Pero en ocasiones, de entre toda la mediocridad a veces surge alguien que no es que haga las cosas bien: es que las clava.

Si pudiésemos meter a Liam Gallagher, Richard Ashcroft y John Lennon en una batidora, ahí tendríamos a Miles Kane, o como ha sido apodado por algunos: el rey del indie del país más indie. Si Noel Gallagher se apunta a colaborar contigo en una canción de tu primer disco en solitario, y Alex Turner te propone montar un grupo, es que algo debes estar haciendo bien. Porque cuando el río suena…

Y es que a sus 26 años, Miles lleva ya mucho camino andado. Empezó en The Little Flames a los 18 años, siguió con The Rascals, fundó The Last Shadow Puppets y ha sacado dos discos en solitario.

Don’t Forget Who You Are, lo último del británico, es un cofre del tesoro donde cualquier amante del rock encontrará aquello que estaba buscando. Porque tiene de todo. Si quieres una buena melodía de guitarra, nada más empezar el disco ahí está Taking Over. Pegadiza, y con un sólo hacia el final de la canción en el que Kane desgarra las cuerdas para recordarnos que (a pesar de ser vocalista en sus últimos grupos) ni mucho menos se ha olvidado de como tocarlas.

Don’t Forget Who You Are, la canción que da título al disco tiene un ritmo que invita a mover los pies, y una letra alegre y cargada de ganas: “Although we’re tongue-tied and breathless, we won’t let our worries dictate who we are… Don’t forget who you are”. Canciones como ésta son las que se consiguen poner a cantar a un estadio.

En general, el disco está repleto de canciones rápidas y que te harán sacar una sonrisa. Aunque no quieras. Aunque seas el mismísimo Grinch. Pero si lo que te apetece es escuchar una buena balada, ahí está Out Of Control. “When I feel her touch I believe love. Love is not a drug that’s for certain, but we’ll rock as we roll”. Y es que Miles además tiene su corazoncito.

Es difícil quedarse con una canción del disco. De hecho es imposible porque es bueno con ganas, y además casí todos los temas entran a la primera para ir enganchándote más y más. Sin duda alguna, uno de los mejores discos de indie rock del año.

Miles pone un punto y aparte en su carrera, dejándonos con la intriga de cómo superará un LP tan genial cómo éste. Y nos dice hasta la próxima con Darkness In Our Hearts, cantando: “Hey I’m not like everybody else”. Que razón tiene…

Mando Diao, viva Suecia!!

mandodiao2Algo tiene que haber en los países escandinavos para que tantas buenas bandas rockeras hayan surgido en los últimos 20 años: The Hellacopters, Backyard Babies, The Hives…, y por supuesto mis queridísimos Mando Diao.

Pocas bandas tienen un disco de debut tan espectacular como los de Borlänge. Bring ‘Em In es un señor LP de garage rock se mire por donde se mire!! Empiezan por Sheepdog, y ya dejan claro que tienen ganas de darlo todo. Gustaf Norén, uno de sus dos vocalistas, se deja la garganta desde el primer segundo, y el resto del grupo le acompaña a toda velocidad en una canción que si llega a durar un poco más, acaba con ellos.

Este ritmo de infarto es una constante durante casi todo el álbum, plagado de temas vertiginosos (la mitad de ellos de menos de tres minutos de duración), y que después de las tres primeras canciones del disco baja un poco las revoluciones con una de las mejores baladas de la historia del grupo: Mr. Moon.

Pueden gustar más o menos, pero si uno escucha las letras del disco (o les ve en concierto), es inevitable sentir simpatía hacia ellos por su sinceridad y buen rollo. Y es que no es difícil darse cuenta de que adoran lo que hacen. El grupo estuvo a punto de disolverse por una pelea entre sus dos cantantes, y fue Björn Dixgård (el otro vocalista y compositor del grupo) el que compuso The Band hablando del problema, quien conseguiría que Gustaf Norén volviese al redil.

Un álbum con mucho corazón, y con un toque canalla: “Don’t let them closer to this secret… that I may love you“. Si os gusta el rock de verdad, con raíces en los sesenta y mucha, mucha energía, Bring ‘Em In es vuestro disco!!

Biffy Clyro: una auténtica revolución.

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Hay momentos en la vida en los que conoces a una persona y te das cuenta de que es diferente. Tienes la sensación de que algo especial ronda en el ambiente, y tu intuición te dice que ese momento va a marcar un antes y un después en tu mundo tal y como lo conocías.

Para aquellos que amamos la música, los grupos que hacen algo tan distinto a lo que habías escuchado antes como para dejar tu mundo del revés, aparecen con cuentagotas. Para mi, uno de esos grupos ha sido Biffy Clyro, y más concretamente su quinto álbum de estudio: Only Revolutions.

Aunque la banda llevaba ya unos años dando guerra, Mountains, el primer single de este disco, fue el que me los presentó. Llama la atención el inicio de la canción: el piano al que al poco tiempo se une la voz de Simon Neil. Y qué voz… Parece mentira que alguien que toca la guitarra como si le fuese la vida en ello, al mismo tiempo sea capaz de cantar como lo hace el bueno de Simon.

Lo que queda claro al poco de escucharles, es que a los escoceses no les gusta la sencillez. Sus tres primeros álbumes Blackened Sky, The Vertigo of Bliss e Infinity Land, aunque menos accesibles que lo que vendría después, son discos donde se pueden apreciar las raíces punk, grunge y sobretodo más progresivas del grupo. Algo que ha llegado a sus siguientes álbumes: cambios de ritmo (a veces tres diferentes en la misma canción) que te dan la sensación de encontrarte en una montaña rusa sonora. Y te regalan desde la canción más lenta, hasta la más intensa. El mejor ejemplo es el tercer single del disco, The Captain.

Aunque en un primer momento llame mucho la atención la voz de su cantante, así como su increíble habilidad para sacarse de la chistera los riffs de guitarra más sorprendentes, el grupo no sería lo mismo sin su parte rítmica. Los gemelos James y Ben Johnston (bajo y batería respectivamente) tocan como si fuese su último día en la tierra, y de alguna manera consiguen que todo encaje a la perfección, algo que con la cantidad de cambios de ritmo de sus canciones tiene muchísimo mérito.

En la mayoría de sus letras está presente el amor, aunque siempre con un deje de melancolía. Many of Horror es el mejor ejemplo que podemos encontrar en el disco. Y ese es uno de los mejores puntos del grupo: escriben sobre experiencias pasadas que cualquiera ha podido experimentar en su vida “You say I love you boy, I know you lie. I trust you all the same, I don’t know why”.

Éstas las combinan con otras canciones más abstractas que pueden conectar contigo cuando menos te lo esperes. Porque como canta Simon en la genial (y mi favorita del disco) God & Satan, “… I’m just a twisted guy”.

Si se tiene la paciencia para escucharlo y darle vueltas, Only Revolutions es un auténtico regalo que puede hacer las delicias de cualquier amante del rock, lleno de sentimiento y con una producción muy cuidada. Pasen y vean!

Pure Love: hay que probarlo todo!

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Cuando era un niño, mis padres siempre me hacían probarlo todo al menos una vez. Buena costumbre que, llevada al ámbito musical, me ha llevado a descubrir grupos tan sorprendentes como Pure Love.

Como todo ser humano, he de reconocer que tengo mis prejuicios, y los que albergaba hacia el nuevo grupo derivado de la ruptura de los británicos Gallows eran muy fuertes. A saber: uno de los grupos revelación de los últimos años en Inglaterra del… hardcore punk. Con todos los gritos y voces del todo menos melódicas que se puedan imaginar.

Aún con esas, me armé de valor para escuchar el primer disco de la banda formada por el ex-Gallows Frank Carter, y el ex-Hope Conspiracy Jim Carroll. Benditos sean mis padres. El sonido de Anthems sorprende en primer lugar por el cambio de registro de su cantante. Como Carter mismo ha reconocido, en su etapa de Gallows no tenía la confianza suficiente en su voz para cantar de forma melódica. Tras romperse el grupo y mudarse a Nueva York decidió cambiar de registro y fue entonces cuando empezó a colaborar con el que era guitarrista de The Hope Conspiracy.

Y eso es lo segundo que más llama la atención de la banda: muy buenas melodías de guitarra, cuidando su sonido hasta un punto que nadie (yo incluído) podría haber esperado viniendo de dos músicos con orígenes en el hardcore. Su instrumento suena con claridad, despachando unos riffs tan buenos como el del tercer tema del disco, The Hits, y acompañando en perfecta armonía a la voz de Carter. Una delicia para los oídos.

El disco empieza bien, muy bien. Tres canciones comenzando por la que abre el disco She (Makes the Devil Run Through Me) que te dejan con ganas de más. El ritmo baja con Anthem, un medio tiempo en el que Frank Carter demuestra sus nuevas cualidades vocales. Y justo cuando crees que ya les tienes calados, que son mejores de lo que esperabas, y que es un disco bastante bueno para ser el primero de la banda… llegan con Beach of Diamonds. Para mi gusto la mejor canción del disco, y merecido single del mismo.

Por si esto no fuera suficiente, la cosa sigue con Handsome Devil’s Club. Una canción directa de menos de tres minutos de duración, en la que el grupo habla sobre la búsqueda del amor, we are the hopeless hearts, we are the fools in love, we are the Handsome Devil’s Club. Definitivamente otro de los mejores cortes del disco.

Con Heavy Kind of Chain el grupo baja un poco el ritmo, para nuevamente atacarnos con Burning Love. Don’t you look at me with those eyes, you’ll be the petrol, I’ll be the fire… Con esta canción Pure Love hacen honor a su nombre, y nos regalan una excelente balada en la que el señor Carter desgarra con su voz son la guitarra de Carroll como compañía.

Para terminar el disco, dos temazos bien cañeros como Scared to Death y Riot Song, que recuperan la tónica del comienzo del disco, y nos dejan como despedida March of the Pilgrims, una canción épica en la que la voz de Carter recuerda curiosamente a la de Bono. ¿Coincidencia? Me sorprendería…

No se puede decir mucho más del primer disco de una banda que, si existe justicia en el mundo, debería hacerse muy grande en los próximos años.

Gracias y buena suerte!!

Oasis: el sonido que me cambió.

Cover of "Be Here Now"

Cover of Be Here Now

Hay cosas que nunca se olvidan: el primer beso, la primera borrachera, el primer amor

(para algunos afortunados estas tres ocurren en la misma tarde). Yo nunca olvidaré la primera vez que escuché mi primer disco de Oasis.

Fue el tercero de los de Manchester: Be Here Now. Todavía recuerdo poner el CD en mi minicadena (el cual aún conservo) y escuchar el sonido del motor que empieza con D’You Know What I Mean, seguido del siguiente mensaje en código morse: “bugger all”, “pork pies” and “strawberry fields forever”. Ya me tenían. La voz de Liam Gallagher y esa tremenda melodía fueron los que me amordazaron y esposaron, me pusieron una capucha, y me arrojaron al maletero del coche del rock para no dejarme escapar jamás.

Pero es que la cosa no acababa ahí. Pasando por la potente My Big Mouth (que tantos problemas y separaciones les traería al grupo), la cosa continuaba con otra de mis canciones favoritas del grupo: Magic Pie. Con Noel a la guitarra cantando “I’ll have my way in my own time… My star will shine”. Y para bordar uno de los mejores inicios de un disco que haya podido escuchar jamás, el círculo se cerraba con Stand By Me. Una de las canciones más populares del grupo durante toda su carrera.

Desde ese exitazo el disco baja el nivel hasta llegar a la también grandiosa All Around The World (cuya continuación de dos minutos y pico termina con el disco). Conmigo tuvieron razón: desde entonces en cada viaje en tren, nuevo país que he visitado y caminos que he pisado siempre les he llevado conmigo. En un lector de CDs portátil que me regalaron por mi cumpleaños primero, sustituido por varios reproductores MP3 según iba avanzando la tecnología después.

Y como dice esa última canción: “All around the world, you’ve got to spread the word. Tell them what you heard, we’re gonna make a better day”. Y así estamos…